Día del Vigilante: Los agentes de seguridad privada están de fiesta

Jessica Alva Piedra (jalva@peru21.com)
Apostados en las entradas de las empresas, de los mercados o en las calles de cualquier barrio de la ciudad, miles de hombres se han convertido en testigos del día a día del peruano promedio. Vigías de lo cotidiano y protagonistas de la seguridad ciudadana que mantiene en vilo al país, hoy los agentes de seguridad privada tienen un motivo para celebrar.
Buscando superar los calificativos que denigran su labor, desde el ‘yungay’ de un antiguo comercial de televisión hasta el más musical –y no por eso menos peyorativo– ‘wachiturro’, desde el 2011 los vigilantes de seguridad privada celebran todos los 11 de marzo su día.
Instaurada el 19 de mayo del 2010 por la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (Sucamec, antes Dicscamec), esta fecha apunta a dignificar su trabajo.
Según calcula Félix Rivas, subgerente de Gestión de Talento Humano de Liderman, en todo el Perú son cerca de 100 mil personas las que trabajan como agentes de seguridad privada, de los cuales un 30% está aún en la informalidad.
Esta situación se puede traducir en bajos sueldos, pago por recibo por honorarios, ausencia de seguro de vida y largas jornadas de trabajo que superan, muchas veces, las 18 horas diarias.
EL PERFIL
Contrario a lo que muchos creen, no todos logran cumplir los requisitos necesarios para ejercer esta dura labor. Si bien no hay promedio de edad para trabajar como agente de seguridad una vez superados los 18 años, el postulante –según cuenta Rivas– debe haber estudiado la secundaria completa y ajustarse a un perfil psicológico que demuestre que puede mantenerse equilibrado en situaciones de tensión.
“Buscar personas agresivas para que trabajen en seguridad es un grave error. Hay una batería de pruebas que el área psicológica evalúa, como tests de comportamiento, de tolerancia ante situaciones adversas y manejo del estrés”, agrega.
Del personal también va a depender que se logre ir un paso más allá del estereotipo fácil que persigue a quienes se dedican a esta tarea, ya que de la forma cómo manejen su relación con el ciudadano dependerá el trato que reciben.
“Así como los ven, los tratan. Si ven que son personas capacitadas se ganarán el respeto, si ven que son personas mal presentadas, con lenguaje inadecuado, el trato que recibirán no será el óptimo. Cuando son tratados de buena forma genera orgullo y motivación”, indicó.

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